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Tras el éxito del primer SEAT 600, el Normal, comercializado a partir de 1957, llegó el turno del 600 D. Casi todas las insuficiencias de la primera versión eran corregidas en la segunda.

Aparecido en Italia en 1960, el 600 D no tardó mucho en incorporarse a la gama SEAT: desde 1963 se comercializó el que sería el más popular de todos los “Seiscientos”, con más de 418.000 unidades vendidas. El 600 D estrenaba nuevo motor de 767 cc y nada menos que 25 CV DIN; y mejoras en todos los apartados: lubricación, refrigeración, instrumentación… y hasta estética, con los pilotos e intermitentes situados en posiciones más standard. Aunque seguía conservando las puertas “suicidas” articuladas atrás y los problemas congénitos de su disposición mecánica “todo atrás” y su escasa capacidad de maletero… Nada importante en una época donde las alternativas por el mismo precio no eran mejores; y donde una “baca” en el techo hacía maravillas en época de vacaciones.

Incluso, para los que necesitaban más espacio, SEAT ofrecía por poco El clásico SEAT 600dinero más el “800” (que no tuvo su equivalente en FIAT), con un bastidor alargado 18 cm y dotado de cuatro puertas, que tuvo un cierto éxito en su momento (1964/1967).

Podría parecer que, ya en 1969, no quedaría mercado para un utilitario datado en la década de los cincuenta, pero no fue así. SEAT lo sometió a un actualización completa, dotándolo de puertas articuladas delante, con derivabrisas en las ventanillas, faros más grandes y calandra modernizada, frenos (aún de tambor) autoajustables y otras mejoras… Como su precio apenas había cambiado mientras que el “nivel de vida” había subido notablemente, el nuevo 600 E alcanzó a la clase popular o se convirtió en el segundo coche de muchas familias. Resultado: más de 205.000 unidades adicionales vendidas en cinco años.

También durante este periodo -sólo los dos últimos años- SEAT ofreció además una versión “de lujo”: el 600 L Especial. Su motor de mayor compresión alcanzaba los 28 CV, suficientes para llanear a 115 Km/h en las modernas autopistas, mientras el habitáculo adquiría detalles de confort nunca vistos, como el salpicadero forrado, asientos tapizados en “velour”, trampillas de ventilación, y extras como alternador o luneta térmica… Al final de su vida, el 600 se había convertido en un vehículo urbano.